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MISA 31 JULIO. FESTIVIDAD SAN IGNACIO DE LOYOLA

Los fieles […], participando del sacrificio eucarístico, fuente y cumbre de toda la vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y se ofrecen a sí mismos juntamente con ella. Y así, sea por la oblación o sea por la sagrada comunión, todos tienen en la celebración litúrgica una parte propia, no confusamente, sino cada uno de modo distinto. Más aún, confortados con el cuerpo de Cristo en la sagrada liturgia eucarística, muestran de un modo concreto la unidad del Pueblo de Dios, significada con propiedad y maravillosamente realizada por este augustísimo sacramento.

LG 11

Antífona de entrada

Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo,  en la Tierra,  en el abismo y toda lengua proclame “¡Jesucristo es Señor!” para Gloria de Dios Padre.

Oración Colecta

Señor,  Dios Nuestro,  qué has suscitado en tu Iglesia a San Ignacio de Loyola para extender la gloria de tu nombre; concédenos que después de combatir en la tierra,  bajo su protección y siguiendo su ejemplo, merezcamos compartir con él la gloria del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos amén.

Primera lectura

Del Libro del Deuteronomio 30, 15-20

Esto dice el Señor. Mira: hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha.

Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor tu Dios, te bendecirá en la tierra adonde vas a entrar para conquistarla. Pero si tu corazón se aparta y no obedeces, si te dejas arrastrar y te postras dando culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que morirás sin remedio, que después de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no vivirás muchos años en ella.

Hoy tomo como testigos contra ustedes al cielo y a la tierra; te pongo delante bendición y maldición. Elige la vida, y vivirás tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, uniéndote a él, porque de ello depende tu vida y tus muchos años en la tierra que había prometido dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob.

Salmo

Sal 1, 1-2.3.4-6

R. Dichoso el hombre que medita la Ley del Señor día y noche.
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos;
ni se detiene en el camino de los pecadores
ni se sienta en la sesión de los arrogantes;
sino que su gozo es la ley del Señor
y medita su Ley día y noche.
R. Dichoso el hombre que medita la Ley del Señor día y noche.

Será como un árbol plantado junto al río,
que da fruto a su tiempo,
sus hojas no se marchitan;
en todo lo que hace, prospera.

R. Dichoso el hombre que medita la Ley del Señor día y noche.

No sucede así con los malvados,
serán como paja que lleva el viento.
Por eso los malvados no se levantarán en el tribunal,
ni los pecadores en la asamblea de los justos.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los malvados se disolverá. 

R. Dichoso el hombre que medita la Ley del Señor día y noche.

Segunda Lectura

De la primera carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 1, 12 -17

Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, quien me fortaleció, se fió de mí y me tomó a su servicio a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores; Él tuvo compasión de mí porque yo lo hacía por ignorancia y falta de fe. Y así nuestro Señor derramó abundantemente su gracia sobre mí y me dio la fe y el amor de Cristo Jesús.

Este mensaje es de fiar y digno de ser aceptado sin reservas: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero Cristo Jesús me tuvo compasión, para demostrar conmigo toda su paciencia, dando un ejemplo a los que habrían de creer y conseguir la vida eterna. Al Rey de los siglos, al Dios único, inmortal e invisible, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Aleluya

R. Aleluya, Aleluya.

Que Dios nos conceda conocimiento interno del señor que por nosotros se ha hecho hombre, para que más le amemos y le sigamos.

R. Aleluya

Evangelio

Del Santo Evangelio según san Lucas 9, 18 – 26

Una vez que Jesús estaba orando a solas, se le acercaron los discípulos y él los interrogó:    
   —¿Quién dice la multitud que soy yo?    
  Contestaron:       
   —Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha surgido un profeta de los antiguos.        
  Les preguntó:      
   —Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?   
   Respondió Pedro:      
   —Tú eres el Mesías de Dios.     
  Él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Y añadió:        
   —El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, tiene que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. 

Y a todos les decía:      
   —El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga. El que quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí la salvará. ¿De que le vale al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se malogra él?
  Si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con su gloria, la de su Padre y de los santos ángeles.

Oración sobre las ofrendas

Acepta complacido,  Señor,  las ofrendas que te presentamos en la fiesta de San Ignacio de Loyola; Y concédenos que estos sagrados misterios, fuente de toda santificación, nos santifican también en la verdad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Prefacio

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu

V. Levantemos el corazón

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor

V. Demos gracias al Señor nuestro Dios

R. Es justo y necesario

En verdad es justo y necesario es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor,  Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno:

Porque llamaste a San Ignacio a la Compañía de tu Hijo, para que, encendido en tu amor,  inflamase a otros muchos para buscar tu mayor gloria, propagase por todas partes tu mayor servicio y ofreciese a tu pueblo una Compañía señalada por la caridad apostólica,  en Jesucristo,  Señor nuestro.

Por él,  los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo …

Antífona de la comunión

Dijo el Señor: He venido a aprender fuego en el mundo: ¡y ojalá  estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!

Oración después de la comunión Señor: el sacrificio de alabanza que te hemos ofrecido para darte gracias,  en la fiesta de San Ignacio de Loyola, nos lleve a glorificar su inmensa gloria por toda la eternidad. Por Jesucristo nuestro Señor.

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